Apple lleva años intentando que sus ingresos sean más previsibles y dependan menos de que cada nueva generación de iPhone provoque una renovación masiva. Apple Upgrade encaja perfectamente en esa estrategia: transforma la compra de un dispositivo en una cuota recurrente y anima al usuario a cambiar de equipo cada uno o dos años, aunque su iPhone todavía pueda seguir funcionando durante mucho más tiempo.
La comodidad es evidente. No tenemos que buscar comprador, negociar el precio ni preocuparnos por vender el dispositivo anterior. Pagamos una cantidad mensual, utilizamos el producto durante el periodo acordado y lo devolvemos para comenzar otro contrato. El problema es que, después de doce, veinticuatro o treinta y seis meses, podemos haber pagado una parte considerable de su precio sin ser propietarios de nada.
A esto se suma la responsabilidad sobre el equipo. AppleCare+ no forma parte de la cuota y cualquier daño, pérdida o robo puede convertir una propuesta aparentemente económica en una operación bastante más cara. Cuando añadimos el seguro y los impuestos, la diferencia frente a comprar y vender por nuestra cuenta se reduce notablemente.
No obstante, el modelo puede tener sentido en determinados contextos. Una empresa que necesita varios Mac, una academia que quiere montar un aula o un pequeño negocio que acaba de abrir puede conservar liquidez y dimensionar su equipamiento poco a poco. Para Apple, además, supone asegurar renovaciones, recuperar dispositivos y generar una nueva fuente constante de ingresos.
En el episodio debatimos si Apple Upgrade ofrece verdadera flexibilidad o simplemente nos empuja hacia un futuro en el que pagamos continuamente por productos que nunca llegan a ser nuestros.
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